Caminando por la Sexta

La llegada de estos nuevos espacios impregnan en el imaginario guatemalteco esperanza y fé de que las cosas pueden cambiar.

Cuando era pequeña, en épocas navideñas, solia caminar por la sexta Avenida de la zona 1, donde mi abuelo materno, Jesús Valenzuela, decoraba las más bellas vitrinas en sus tiendas Regalos Lys y Farmacias Klee. Eran épocas esplendorosas para el centro de la ciudad, de bonanza, luces, fiesta, donde los guatemaltecos caminábamos tranquilos en las calles.

Algo paso en el entorno de esta trágica ciudad y cuando voltié a ver, ya todo había terminado. Ya no habían luces, ni aceras donde caminar. La sexta se había vuelto gris, oscura, peligrosa. Los vendedores ambulantes robaron los espacios y todo se convirtió en una pesadilla, guarida de ladrones, contrabandistas y prostitutas. Para finales de los años ochenta, la Sexta había muerto.

Mis pequeñas hijas conocieron este espacio muerto. No más. Todo lo que les podía contar era historia. Sin embargo, en semanas pasadas parece que ocurrió un milagro.Algo así como cuando el muerto resucita.

Este jueves, salí a almorzar con mis hijas para redescubrir esa Sexta Avenida que la comuna capitalina anunciaba con bombos y platillos y para mi sorpresa, me encontré con un espacio resplandeciente, limpio, amplio, renovado. Un espacio vivo, que como por milagro regresó a la vida.

La revitalización de este espacios público, uno de los más importantes de la ciudad, que fue conocido en su época de esplendor como la Calle Real, ahora ha tomado su brillo. Calles amplias convertidas en una zona peatonal, donde la gente camina relajada y tranquila son ahora el marco de la Sexta.

Ahora, esta Avenida se muestra como un espacio limpio, donde los vendedores ambulantes fueron desalojados. Por primera vez en muchas décadas, los comercios muestran su nuevo espelendor, las casas han sido pintadas y restauradas y lo más bello, el hotel royal Palace remodelado junto con la cervecería Salamandra luce el brillo de una madera restaurada, con lujosos muebles antiguos y lámparas de colección. Un pequeño espacio donde pareciera que el tiempo se detuvo.

Pero quizás la parte más espectacular es ver a las magestuosas iglesias, que antes estaban cubiertas y escondidas entre lonas, ventas y chatarra y ahora lucen su fachada clásica y barrroca.

Sin lugar a equivocarme puedo asegurar que caminar hoy día por este proyecto urbano bautizado como “Paseo de La Sexta”, que abarca desde La Plaza Mayor de la Constitución hasta la 18 calle a lo largo de La Sexta Avenida de “El Centro” no solo ha dado oxigeno a la ciudad, sino que comienza a dignificar la moral y la dignidad de los guatemaltecos.

Bancas, arbustos y esculturas modernas del artista guatemalteco José Toledo llenan las calles, mientras que en cada esquina se encuentra un cantante, un violinista, una bailarina, que en este nuevo espacio cultural entretienen a una ciudad consumida por la pobreza y la violencia.

No dudo que este proyecto traerá inversión y desarrollo en este patrimonio reconstruido, donde desde ya se respira la limpieza, el orden y la seguridad. Debo confesar que quedé sorprendida al observar a decenas de caminantes tranquilos, sin aflixión y sin el estress de caminar en calles que antaño fueron copadas por ladrones.

Mi hija Camila, de 12 años me decía mientras caminábamos, “ahora si te creo que es posible que Guatemala pueda cambiar”. Yo, no lo dudo que la llegada de estos nuevos espacios impregnan en el imaginario guatemalteco esperanza y fé de que las cosas pueden comenzar a ser diferentes. Se trata de que nuestras autoridades tengan mucha voluntad política y visión urbanista.

Si bien es cierto, que en un inicio de este proyecto hubo quejas por abusos municipales, por los trabajos en las aceras y los desechos de la construcción, nadie puede negar hoy día, que la obra tuvo un final feliz y que a los guatemaltecos se les entregó un espacio digno. Ojalá y este proyecto se extienda por todo el centro histórico porque la ciudad necesita una nueva cara, con espacios para caminar y divertirse.

A todos aquellos que aún no conocen este espacio, recomiendo dar una caminata para disfrutar de la belleza de nuestro patrimonio. Realmente, vale la pena.

Sylvia Gereda Valenzuela

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