De nuevo las repúblicas bananeras

Centroamérica puede convertirse en un bastión del crimen organizado que dé refugio a mafiosos

Sylvia Gereda Valenzuela

Hay temas que por su importancia, deben de ser analizados y discutidos por expertos. Me llamó la atención, revisar entre mis múltiples lecturas de archivo, un análisis que en el año 2009 fuer escrito por Joaquín Villalobos, ex guerrillero salvadoreño y ahora consultor para la resolución de conflictos internacionales, en el diario El País de España.

Villalobos habla del nuevo rol de las repúblicas bananeras, ahora convertidas en covijo y refugio de mafias, criminales y narcotráfico de todo el mundo.

He decidido ceder este espacio a algunos de sus pensamientos porque considero que son de los más temerarios y realistas que he escuchados, y veo que día a día se cumplen como una profesía.

Villalobos comienza narrando que, Centroamérica es la región más frágil de Latinoamérica; en ella conviven Guatemala, que fue la dictadura más sanguinaria, El Salvador, el país más violento, dos de los tres más pobres, Honduras y Nicaragua, y, paradójicamente, la más estable de las democracias, Costa Rica.

En los 80, Centroamérica sufrió el más sangriento conflicto del continente desde la Revolución Mexicana. Durante esa guerra se enfrentaron 300.000 hombres entre regulares e irregulares en El Salvador, Guatemala y Nicaragua.

Centroamérica fue conocida siempre como tierra de fraudes, cuartelazos, caudillos, dictadores militares, oligarquías voraces, magnicidios y guerrillas.

Estados muy débiles están recibiendo la embestida simultánea de narco-dólares criminales procedentes de EE UU y de petrodólares ideológicos procedentes de Venezuela. Los primeros compran voluntades para obtener complicidades con el narcotráfico y los segundos compran alineamientos políticos que están rompiendo la unidad de los países: y ambos destruyen a las instituciones.

El miedo es el motor de todos los conflictos y Honduras no es la excepción. El miedo que generó el acercamiento del derrocado presidente Zelaya al coronel Chávez condujo a que la clase política hondureña hiciera lo que sabe hacer en esos casos. Enjuiciar al presidente era demasiado sofisticado para Honduras. Ahora el problema se ha vuelto mucho más grave, ya que ningún presidente latinoamericano quiere llegar en pijama a otro país.

Sin duda hay que rechazar el golpe, pero la comunidad internacional debe tener en cuenta que las políticas autoritarias en Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela se han convertido en una seria provocación para las fuerzas conservadoras y centristas de toda la región. Las expropiaciones de empresas, los cierres de medios de comunicación, la intimidación callejera, las arbitrariedades judiciales, las reelecciones perpetuas y los fraudes son como golpes de Estado graduales. La polarización ideológica chavista está debilitando sociedades amenazadas por miles de pandilleros y poderosos carteles. Centroamérica puede convertirse en un bastión del crimen organizado que dé refugio a mafiosos y terroristas en medio de un caos y una inseguridad endémica que genere millones de emigrantes.

La comunidad internacional es determinante para salvar a la región, pero el problema es más complicado de lo que parece.

La región necesita un plan de despolarización ideológica y otro de defensa integrada de su seguridad. En Centroamérica ya hubo guerras y revoluciones y la desmilitarización acelerada de Guatemala entregó ese país al narcotráfico. En el fondo está la viabilidad de pequeños Estados con economías de juguete manejados como fincas por sus caudillos. Centroamérica hubiese sido mejor como una sola república, pero británicos y estadounidenses se empeñaron hace dos siglos en dejarlas como repúblicas bananeras para poder controlar el Estrecho. Ahora, estos Estados son tan débiles que no pueden defenderse por sí mismos e igual los puede comprar un narcotraficante como el Chapo Guzmán o un dictador petrolero como Chávez.

Si en algo tiene razón Villalobos, es que tanto Guatemala como el resto de la región terminamos por exterminar nuestros ejércitos, los políticos devoraron las instituciones independientes y lo que tenemos hoy día es una región sumida en caos y gobernada por los grandes señores que controlan los millones fáciles que provienen del narcotráfico, el crímen organizado y la corrupción.

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