Terroristas en Guatemala

Derriban torres de energía, detinenen construcciones, secuestran, extorcionan; y las autoridades de brazos cruzados

Sylvia Gereda Valenzuela

El diccionario de la Real Academia Española define que, terrorismo es “Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror”. De esta cuenta, cuando poblaciones, inversionistas y ciudadanos están sujetos a actos de sabotaje que lo único que pretenden es crear caos, desestabilización y desorden con fines delincuenciales, no podemos más que afirmar que estamos frente a grupos de terroristas en Guatemala.

La semana pasada fue derribada la onceava torre de la empresa Transportes de Electricidad de Occidente, de la planta Hidro Xacbal, en Quiché.

Ese mismo día, en Malacatán y Catarina, San Marcos, los pobladores quedaban a oscuras porque la energía que distribuye Unión Fenosa dejo de fluir debido a que fue robada.

Días después, en Lanquín, Alta Verapaz cuatro personas que trabajaban en el proyecto hidroeléctrico Entre Ríos fueron retenidas por más de 16 horas, además fueron golpeados por una turba de más de dos mil personas y el camion en que se transportaban fue quemado.

Y mientras escribo este editorial, cinco ingenieros de proyectos hidroeléctricos son retenidos en Puruhla, Baja Verapaz.

Pareciera como que la amenaza y el terrorismo se extienden como polvorín por todo el territorio nacional.

Y como guinda del pastel, la hidroeléctrica Palo Viejo en Quiché ha detenido la construcción de su proyecto que desde octubre debió haberse inagurado porque las comunidades han bloquado los accesos a la planta y violando toda la ley de locomoción obstaculizan el paso.

En estos, y otros hechos, de los cuales el Ministerio Público registra más de 400 abusos a proyectos hidroeléctricos, el común denominador, además de los daños millonarios causados a la infraestructura y de la decena de poblaciones que hoy quedan sin el servicio de luz y viviendo en estado de terror; son hechos delincuenciales como la como obstaculización de proyectos, atracos en las carreteras, extorciones donde solicitan millonarias sumas a cambio de no seguir derribando las hidroeléctricas, secuestros y hasta crímenes.

Lo más delicado del caso, es que los delincuentes han tratado de disfrazar estos actos terroristas con peticiones de organizaciones indígenas que se oponen a la privatización de los recursos naturales o inclusive con peticiones de grupos de izquierda radical o ecologístas. Pero lo cierto del caso, es que según lo ha dicho el Ministro de la Defensa y el mismo Presidente Alvaro Colom, se trata de grupos criminales creando pánico y caos.

En este terrible panorama lo que resulta imperdonable es que las autoridades sigan de brazos cruzados. Desde octubre del año pasado, cuando fue derribada la primera torre el gobierno ofreció investigar los sabotajes, pero al día de hoy no hay bandas criminales en prisión. Los responsables de crear este estado de terror continúan impunes, en poblaciones muy pequeñas, donde facilmente podrían ser detectados y capturados si el gobierno tuviera la intención de hacer respetar la inversión privada y el Estado de Derecho.

En este estado de crísis, además de los inversionistas que pierden millones y las comunidades rurales que viven sumidas en el caos; el mayor perdedor es Guatemla porque se crea un clima negativo para la inversión del país y aumentan los costos de operación que las empresas invierten.

La Cámara de Industria ha estimado que Guatemala necesita una inversión anual de US $ 280 milones durante los próximos 15 años para generar 140 megavatios por año, sólo de esta manera podremos conseguir que para el año 2025 las hidroeléctricas representen el 50 porciento de la matriz energética del país, lo cual resulta urgente.

La función de una central hidroeléctrica es utilizar la energía potencial del agua almacenada y convertirla, primero en energía mecánica y luego en eléctrica.

Las ventajas de las centrales hidroeléctricas son evidentes: No requieren combustible, sino que usan una forma renovable de energía; Es limpia, pues no contamina ni el aire ni el agua; puede combinarse con otros beneficios, como riego, protección contra las inundaciones, suministro de agua, caminos, navegación y aún ornamentación del terreno y turismo.

No obstante, si el Estado sigue permitiendo estos actos terroristas, seremos una tierra de nadie, abandonada, con inversionistas ausentes que buscan otros sitios para progresar y poblaciones que continúan en la miseria.

Es imperdonable que el gobierno de Alvaro Colom siga de brazos cruzados. No podemos seguir siendo víctimas de grupúsculos delincuenciales que se disfrazan de banderas guerrilleras o ecologístas, que nada tienen que ver con ellos, para seguir permitiendo la extorción, el abuso y el delito.

"Trackback" Enlace desde tu web.

Deja un comentario